Para encontrar el antecedente más cercano hay que remontarse a 1953, cuando el entonces presidente Juan Domingo Perón arrancó con la fabricación de un vehículo denominado El Justicialista, que llegaría acompañado por otros modelos, como el mítico Rastrojero, y cuyo avance quedó trunco por el golpe de Estado de 1955.
La propuesta circulaba desde 2009 y tomó impulso luego de que el arquitecto Miguel Ángel Bravo, presidente de la compañía de motores que lleva su nombre, llevara la idea al diputado nacional Carlos Kunkel. Luego, ambos se pusieron en contacto con el secretario gremial del sindicato de mecánicos (Smata), Ricardo Pignanelli, quien prometió hacer gestiones ante los fabricantes de autopartes.
Kunkel además ya llevó la idea a la Casa Rosada y hasta convenció al intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, de encontrarle un espacio a la futura planta fabril. La idea terminó de tomar forma luego de que la ministra de Industria, Débora Giorgi, y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, se comprometiera con el proyecto. Hoy, los modelos creados por Bravo están expuestos en la muestra Tecnópolis.
Los protagonistas de la negociación se entusiasman y sostienen que en un año el primer modelo del APA, fabricado en serie, estará a la venta. En una primera etapa, planean sacar al mercado un automóvil de cuatro puertas con un motor de Fiat, en su versión Fire 1.6. A futuro creen que podrán producir sus propios motores, incluso eléctricos.
En el Smata ponen la expectativa en la promesa de que el auto argentino elevará la integración nacional hasta el 50%, en un principio, y con la posibilidad de llegar al 70% en función de los acuerdos con los autopartistas. En total, se calcula que unos 400 empresarios, en su mayoría dueños de pymes, tomarán parte del proyecto.
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